Les cuento de las cosas que Dios me enseñó,
Sin importar si las quería aprender o no.
Verdad es que la misión te hace mucho bien,
Serena, Valpo, Viña — dondequiera que estén.
Yo empezé mas no en Viña sino en las pampas,
En un lugar al norte que se llama Tierras Blancas.
Coquimbo fue la zona, con su cruz y los del Llano,
Y sí, nací de un buen padre — ¡puro Peruano!
Tenía yo necesidad de aprender hablar,
Tal vez un poco más que los demás por mi papá.
Él no hablaba nada de Ingles ni siquiera “hi,”
Así que aprendí al tiro: “¿Hola, cómo estai?”
Había otra parte de mi mucho desarrollo,
Fue un lugar extraño que se llama Andacollo.
Ahí veía algo que no antes entendía,
Un evento conocido como “Gran Apostasía.”
También pasé la prueba de subir algunos kilos,
Comía cada rato baratísimo pancito.
Sería injusticia no mencionar las pulgas,
Yo no sé cómo soportaba tantas picaduras.
Yo aprendí quel mundo no es como es en Utah,
No todos son Mormones y si eres, te insultan.
Coquimbo era bueno por el lema que usamos:
Que resplandezca tu ojo y tengas ritmo en tu paso —
porque somos Coquimbanos y aquí bautizamos.
Después de esos cambios yo aprendí por qué,
Yo aprendí la gran razón por qué me bauticé.
Y sepan también que yo soy lejos de un genio
El fruto de nuestra fe fue bautizar a dos niños.
Oré al Padre mucho para cambiar sector,
Soñé con cerros, trolleybus, y alto ascensor.
Después de unas noches más mi sueño fue real,
A Valparaíso yo me fui — felicidad total.
Verdad es que difícil explicar lo que pasó,
Dios nos guía, yo lo sé, a los que son “de oro.”
Pudimos ayudar a un hermano cambiar,
Milagros vimos mientras él dejaba de fumar.
Es un proceso, claro, de lograr la conversión,
El hombre éste aceptó El Libro de Mormón.
Y fácil es adivinar después lo que pasó,
Jose Pereira hizo un convenio con Dios.
Yo fui llamado líder de distrito y pensé,
¿Y yo, tan joven, ¡ni hablo! va…como cumpliré?
En ese cambio verdad me costó encontrar,
Yo aprendí ésta lección: Trabajar, trabajar, trabajar.
Pensando que me quedaría otro cambio más,
Presidente me llamó y dijo, “Hola, cómo está?”
“Bien, Presidente” respondí, “¿En qué puedo servir?”
Mi misión cambió ahí — ¿Qué más puedo decir?
El día siguiente yo me fui a 4 Norte
Mi nueva asignación ahí fue más o menos fuerte.
Yo no sabía nada — me sentía muy tranquilo,
Yo fui llamado Elder Boss: Secretario Ejecutivo.
Trabajo en la oficina — diferente es,
Hay muchas cosas que hacer y mucho, mucho estrés.
El contestar teléfonos e ir por todos lados,
Hay que mantener el orden en un alto grado.
Parte de mi gran deber fue conseguir las visas,
Mientras todos piensan que solo pedía pizzas.
Yo pude ver el otro lado de la gran visión,
Sí, y cómo se maneja una gran misión.
Pasaron meses rápidos y cambié sector,
Yo disfruté tres meses que miraba yo la flor.
Un nuevo compañero, compañero numero seis,
El Elder que me entrenó — juntos otra vez.
Pasé por un tiempo en el cual se dificultó,
No bautizar por siete meses no me animó.
Trabajamos, sí, pero nadien quería escuchar,
Y Viña Centro me ganó — no pude yo ganar.
El nuevo secretario llegó y entrené,
Cachó al tiro qué hacer — mi hora ya se fue.
Entonces Presidente informó de buena gana,
“A usted le voy a enviar a Villa Alemana.”
Digamos que pasé bien, no hay por qué quejar,
Fue justo lo que yo quería — puro bautizar.
Seis meses con seis compañeros — mucho es, ¿o no?
Y seis bautismos yo logré en ese barrio.
Durante esos meses yo tuve que entrenar,
Cuatro misioneros me llamaban su papá.
Son buenos, qué puedo decir de todos menos uno,
No aguantó, después se fue — hijo descarriado.
Yo conocí a un hombre que tuvo poca fe,
Ahora por siempre su amigo yo seré.
Tal como los errantes él tenía esa sed,
“Mi vida se salvó” me dijo, “gracias a usted.”
Ahí Dios me enseñó que ama Él a todos,
El Plan de Salvación se cumplirá de todos modos.
Yo aprendí que solamente somos instrumentos,
Para invitar a todos a llenar los asientos.
Después de cuatro cambios quería irme ya,
Quería progresar aún más — llegar aún más allá.
Sentí yo que el norte me llamaba otra vez,
Así fue —a Ovalle fui— sector número seis.
Fui asignado líder de la zona para allá,
“La zona debe bautizar” dije, “así será.”
Verano en Ovalle se hizo bien complicado,
Todos dicen “vamos a la playa” o “al campo.”
Sufrid con paciencia y éxito vendrá,
Nos da bendiciones, Dios — también las quitará.
Pasamos bien, hablamos con cualquier persona rara,
Y nadien nos confundió — el Espíritu estaba.
Caminábamos nosotros diligentes en el sol,
Se fue mi compañero y por fin tomé control.
Entonces cambiamos y al tiro empezó,
La zona puso fechas, y a muchos bautizó.
Nosotros también vimos milagros en la rama,
¿La mejor manera de trabajar? ¡Referencias se llaman!
Una familia quiso aprender un poco más,
Después una miembro nos llamó y saben lo pasa.
Fuimos, y sí nos fue bien — querían recibirnos,
Había yo tocado cada puerta menos la de ellos.
Y pasa mucho que los dos estaban conviviendo,
Hasta que llegó Jesús, y Su evangelio perfecto.
Sabían que tenían que casarse para ser,
La familia eterna que querían obtener.
Así que, pues, pusimos fecha para concretar,
El paso siguiente que se llama bautizar.
Pasamos mucho tiempo — compartimos en unión,
Leer, orar, y asistir te cambia el corazón.
Mientras trabajábamos se acabó el mes,
La zona de Ovalle bautizó — logró diez.
Se acercó la fecha de la boda en abril,
Me contestó, el Salvador, qué gozo yo sentí.
Pero cuando hay comodidad siempre pasará,
Dios me trasladó según Su santa voluntad.
Yo aprendí que Dios tiene un plan para mi,
Y tengo que obedecer, por eso soy feliz.
Me empaqué, subí al bus en ruta a la Viña,
A entrenar a uno más en barrio Placilla.
El abrir sector sin nada es difícil, crean me,
Me hizo recordar de cuando yo inicié.
Ahora entiendo, lo comprendo aún mejor,
Estímo yo un poco más a mi entrenador.
Errantes caminábamos tratando de encontrar,
A los próximos bautismos que querían escuchar.
A veces yo no sé por qué Dios llama a Elder Boss
Llegó un nuevo Elder — otro compañero más.
Entonces tuve dos que se llaman mis “asesinos,”
¡Justo al final me asignó dos Argentinos!
No soy tan capo yo, ni soy un gran bautizador,
En mí confió Dios a ser un buen entrenador.
Nosotros trabajábamos, no pude descansar.
Quedaban solo días y quería aprovechar.
Siempre hay mañana, y después yo aprendí,
Que todo se acaba, y que todo tiene fin.
Ahora yo les cuento lo que tiene gran valor,
El testimonio que tengo de nuestro Salvador.
Yo sé que vino, sé que Él estuvo para acá
Y enseñó al mundo, expió, y volverá.
La misión me cambió, ahora yo lo sé,
Tenemos que cumplir, y yo siempre cumpliré.
Yo sé que Dios tiene grandes cosas para mi,
El dicho siempre suena: “Ser Mormón es ser feliz.”
Yo amo esta gran misión, la viña del Señor,
Con todo lo que aprendí, ahora soy mejor.
Yo represento a Él quién era de Jerusalén,
En el nombre de nuestro Salvador Jesús, amén.
La Viña del Señor
